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Inversiones

Plazo fijo, dólar, bonos o ladrillos: qué rinde y qué protege cuando el peso pierde valor todos los días, explicado sin jerga financiera.

9 min de lecturaEquipo GargolPublicada originalmente en Medium

¿Qué hacer con mis ahorros?

El interrogante surge del propio ahorrista: siente y sabe que ese dinero extra, en un contexto de alta inflación, no puede quedarse quieto descansando debajo del colchón, ya que cada día que pasa va perdiendo su valor. En finanzas, una ley fundamental nace de la expresión Valor Tiempo del Dinero: un peso hoy, vale más que un peso mañana. El ahorrista sabe que existen alternativas que pueden ser más convenientes, escuchó de ellas en las noticias, en conversación con sus conocidos, familiares y amigos. Sin embargo, muchas veces, el temor y la desconfianza de orientarse por personas que no están especializadas en el tema provoca que los cambios no se produzcan. En suma, los ahorristas quieren cuidar su dinero: le ha costado conseguirlo, han sido fruto de su esfuerzo, por lo que no desean invertirlo en instrumentos que, por un lado, no entienden ni conocen, y, por el otro, pueda hacerlo perder su capital de la noche a la mañana.

Pero esto no es así porque sí. Cabe aquí plantearnos una realidad: el argentino es un agente económico muy particular, el cual posee, además de las características comunes a todos los sujetos económicos de los libros de texto (racional, maximizador de ganancias, quiere estar mejor que peor, desea más que menos, quiere reducir el malestar e incrementar el bienestar, etc.) dos particularidades que lo hacen especial. La primera, es la sensación de que conoce bastante de muchas cosas y que tiene respuestas técnicas, correctas, fáciles y obvias para problemas profundos, que muchas veces son tomadas de charlas de café, opiniones radiales, comentarios entre amigos, idiosincrasia, entre otras. La segunda característica, no menos importante, es la historia. Pocos países han atravesado tantos y tan diversos fenómenos económicos, políticos y sociales como Argentina en los últimos 50 años, todos con un común denominador: crisis a la vuelta de la esquina. Inflación, estanflación, corralito, default, moratorias, blanqueos, cambios de planes, ministros y presidentes, conflictos sociales, control de capitales, devaluaciones, cambios de regímenes, entre otros. Teniendo todo esto en cuenta, no hay duda alguna: existen pautas de conductas particulares en el consumidor, empresario, inversor argentino. Esas características, sumadas a la realidad actual del país, hacen que las personas se encuentren en la disyuntiva de qué hacer con su dinero: ¿Cómo protegerse de la inflación? ¿Qué alternativas existen? ¿Cuáles son las más seguras?, entre otras, son las preguntas más frecuentes.

La República Argentina ha tenido una inflación alta y sostenida durante las últimas décadas, por lo que las personas y empresas que atesoren y hayan acumulado la moneda nacional (el peso) habrán perdido notablemente su capacidad de compra (poder adquisitivo). Hoy, con el mismo billete puede comprar mucho menos: aunque no el único, este es el principal efecto de la inflación. En este contexto y atormentados por la realidad de su país, la elección de la gran mayoría de los argentinos es resguardarse poniendo su dinero en un plazo fijo o comprando dólares y guardándolos “bajo el colchón”. Sin embargo, cabe aquí preguntarse: ¿son estas las mejores alternativas? Desde Gargol, nos proponemos a realizar un pequeño análisis:

  • La opción del plazo fijo hoy cobra mucha fuerza por dos cuestiones importantes: en primer lugar, por la facilidad con la que se puede acceder a esta opción, teniendo simplemente un usuario y clave de Home Banking. Pero los mismos efectos distorsionadores de la inflación tergiversan las ganancias reales de este instrumento. ¿Qué queremos decir con esto? La misma inflación distorsiona lo que realmente obtenemos, en términos de ganancias, al poner nuestro dinero en un plazo fijo. Veamos un ejemplo númerico: obtener $75.000 por depositar $1.000.000 durante 30 días parece ser un monto más que razonable (la tasa mensual oscila el 7,5%). No obstante, con una inflación descontrolada y situada en marzo por encima del 7,0% mensual (7,7%), la ganancia obtenida no llega a cubrir las subas de precios; de no encontrarse un techo inflacionario para los próximos meses, esta pérdida real se podría profundizar. Esto significa que, al colocar nuestros ahorros en un instrumento como el plazo fijo, no estamos haciendo una inversión segura. Al contrario, podemos perder capital y poder adquisitivo. Es verdad que circunstancialmente se puede ganarle a la inflación y al dólar, pero la recomendación es realizar inversiones que estén verdaderamente consolidadas en el tiempo.

  • Por otro lado, si observamos a Estados Unidos, luego de la pandemia y lo que ésta implicó en términos de política social, la inflación interanual corre al 5% en marzo de 2023. ¿Qué quiere decir esto? Que, al igual que el peso, aunque en menor medida, un dólar hoy vale más que un dólar mañana, por lo que nuestro capital también está perdiendo valor: guardando los dólares debajo del colchón también estaríamos perdiendo poder de compra, a raíz de la inflación que el propio Estados Unidos sufre. Esto no significa que esté “mal” comprar dólares, sino que es perjudicial dejarlos descansando.

Dicho esto, podemos comparar las dos alternativas más elegidas y conocidas por el argentino, con la opción de invertir en el rendimiento o evolución promedio de las 500 empresas más importantes de los Estados Unidos (si, podemos invertir en activos extranjeros, y es más fácil de lo que parece). La mejor forma de comenzar esto es situándonos 20 años atrás, finalizando el milenio pasado, con la posibilidad de “invertir” 100 dólares en tres alternativas: cambiarlos por pesos y optar por el plazo fijo, guardar ese billete debajo del colchón o invertir en el S&P 500 (lo que señalamos al comienzo de este párrafo). Veamos el siguiente gráfico:

Pero, ¿qué significa esta figura? Aquí una breve explicación: Si hace unos 20 años hubiéramos elegido transformar esos 100 dólares por 100 pesos (en ese momento U$D 1 = $ 1) y ponerlos en plazo fijo, habría sido la peor opción. Al transformar esos pesos nuevamente a dólares a finales de 2022, el inversor solo contaría con aproximadamente U$D 22, es decir, su ahorro habría sufrido una pérdida del 78%. Pero la otra opción elegida normalmente por los Argentinos también arrojaría una pérdida, ya que descontando el efecto de la inflación estadounidense, esos U$D 100 guardados debajo del colchón equivaldrían en diciembre del 2022 a cerca de U$D 56, con 44% menos poder adquisitivo. Sin embargo, utilizando el rendimiento promedio de las 500 empresas más importantes de Estados Unidos, podemos observar que si el inversor hubiera depositado en una empresa promedio de este país esos U$D 100 se hubieran transformado 22 años después en U$D 277, aumentando en un 177% el valor original de la inversión y superando con creces la perdida de valor del dólar durante ese periodo. Podemos concluir que el asesor responsable y comprometido señalará estas realidades e indicará, según el caso, las alternativas para mitigar el malestar del ahorrista y para empezar a trabajar ese dinero. Así, al cabo de un tiempo, se habrá preservado el poder adquisitivo del capital ahorrado e incluso obtenido cierta rentabilidad en función de la preferencia por el riesgo del asesorado.

Ok, perfecto. Podríamos haber ganado mucho dinero, pero ¿cómo podríamos haberlo hecho? o, más importante, ¿cómo podríamos hacerlo? Una opción interesante sería contactarse con alguna institución financiera que nos proporcione esta alternativa: la bolsa de comercio del Chaco, Corrientes, o similares, son instituciones idóneas para canalizar su ahorro, en dólares o en pesos, e invertirlo en uno o más instrumentos, en función de las preferencias y perfil del ahorrista. Sin entrar en detalle de los distintos instrumentos, existe la posibilidad de invertir en acciones, opciones, bonos, letras, CEDEARS, fondos comunes de inversión, cauciones y obligaciones negociables, entre otros, estando asesorados tanto operativa como fundamentalmente. Por otro lado, para ahorristas más osados, existen numerosas plataformas online donde pueden ingresar sus ahorros y comenzar a gestionar su cartera de forma autónoma.

Desde Gárgol, intentaremos hacer una pequeña aproximación a algunos de estos instrumentos, de manera meramente explicativa:

  • Para personas que no quieren arriesgar en gran medida sus ahorros, una buena alternativa son las obligaciones negociables en dólares. Las obligaciones negociables en dólares son instrumentos financieros de renta fija emitidos por empresas o entidades gubernamentales en los que se comprometen a pagar una cantidad fija de intereses y a devolver el capital invertido en una fecha determinada, todo ello denominado en dólares estadounidenses. Estas obligaciones son negociables en el mercado secundario, lo que significa que pueden ser compradas y vendidas antes de su vencimiento. Esto les da a los inversores la flexibilidad de salir de sus posiciones antes del vencimiento, lo que puede ser beneficioso en situaciones de cambio de las condiciones del mercado. Son una alternativa para los inversores que buscan una forma de diversificar su cartera y obtener una renta fija en dólares.

  • Otra alternativa con mayor riesgo y, consecuentemente, mayor rentabilidad esperada son los CEDEARs (Certificados de Depósito Argentinos). Son títulos que representan acciones de empresas extranjeras cotizadas en el exterior, pero que se negocian en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en Argentina en pesos argentinos. Los CEDEARs son emitidos por bancos y agentes de bolsa argentinos, y representan la propiedad de una acción subyacente en una empresa extranjera, como Apple, Google, Amazon, etc. Cuando se invierte en estos activos, los inversores no están comprando directamente las acciones de la empresa extranjera, sino que están comprando una representación de esa acción en forma de un instrumento negociable en la bolsa de valores argentina. El valor de los CEDEARs está influenciado por el valor de las acciones subyacentes en las que se basan, así como por las variaciones del tipo de cambio entre el peso argentino y la moneda en la que se cotizan las acciones subyacentes. Permiten a los inversores argentinos acceder a empresas internacionales en su propia moneda, sin tener que realizar transacciones en moneda extranjera. Con estas dos opciones recomendadas por Gargol, el inversor puede cubrirse de posibles devaluaciones/depreciaciones del peso, a la par que diversifica sus ahorros y nos mantiene “bajo el colchón”.

No podríamos finalizar este análisis sin nombrar otra de las alternativas más tradicionales o difundidas en nuestro país: la “inversión en ladrillos”, es decir, la canalización de ahorros en inversiones inmobiliarias. Sin pretender un análisis de la rentabilidad histórica de esas inversiones, lo cierto es que en la actualidad y, fundamentalmente, en el futuro, la realidad parece ser motivo de, al menos, un poco de atención. Las inversiones de este tipo suelen consistir en la compra de un terreno y su posterior venta (apostando a una futura revaluación del valor de la tierra) o en la compra de un piso en un edificio a fin de alquilarlo y generar un ingreso mensual.

En este análisis, dejaremos de lado las inversiones inmobiliarias que, además de la compra del terreno, añaden valor, por ejemplo, con una construcción, o aquellas que consisten en el desarrollo propio de un edificio completo. Pretendemos dejar de lado estos instrumentos debido a que se trata de proyectos con características diferentes a las que este breve artículo pretende referir, sumado a que este año ha comenzado con un costo de construcción medido en dólares en disminución del 7,1%, esto significa que construir hoy cuesta un 37% menos que en abril de 2018 y un 23% por debajo del promedio de 2012–2022

Sin embargo, retomando nuestro argumento, el valor del metro cuadrado en la Argentina ha caído en los últimos años a razón del 7% anual, con lo cual, en la mayoría de los casos, la ganancia de capital buscada en la revaluación de la tierra, ha desaparecido o bien se ha transformado en pérdida. La inexistencia de crédito, la inestabilidad cambiaria y la caída de la actividad económica ha pulverizado la demanda, con su consecuente impacto en precios. La Ley de Alquileres vigente no favorece la dinámica de este mercado, y, junto con una caída en el poder adquisitivo de los salarios, impiden ajustar los valores de renta por alquiler para obtener una ganancia adecuada sobre el bien invertido.

En apretada síntesis, la inversión en ladrillos es una inversión segura en términos físicos, el edificio siempre estará allí, pero no tiene garantía de rentabilidad hoy en día. Obtener una ganancia del 3% en dólares (alquileres en dólares / inversión en dólares), o que supere el costo de oportunidad de las alternativas disponibles, es una tarea difícil de conseguir, más aún si agregamos a este análisis la posibilidad de que sigan bajando los valores de las propiedades por falta de demanda y la inflación estadounidense. Por último, la gran brecha actual entre demanda y oferta hace que el mercado sea muy poco líquido, donde el pago por la venta de una propiedad puede demorar más de 12 meses en efectivizarse. Si bien pareciera que la caída de los precios del metro cuadrado se está desacelerando y estabilizando actualmente, creemos que es condición necesaria y no suficiente para hacer rentable este tipo de inversiones, ya que el factor más importante, el salario real en la determinación de la demanda, tiene pocas chances de mejorar en el corto (y, creemos, mediano) plazo.

Concluyendo este breve y sencillo análisis, podemos decir que el ahorrista, de esta forma, logra una nueva perspectiva. La herramienta que ahora posee es la información y el conocimiento. Puede ahora involucrarse en la gestión de su capital de una forma consciente y activa. Logra seguridad y confianza al manejar sus ahorros, porque conoce lo que está haciendo, porque obtiene resultados, y porque tiene la opción de tener a su lado a una persona o institución que lo asesora y lo acompaña de forma confiable. Con todo lo visto, y, en un país como el nuestro, desde Gargol reafirmamos nuestro compromiso: creemos en el potencial transformador de la educación financiera, y no solo en el deseo, si no en la capacidad del individuo, de estar mejor.

Mayo de 2023. Resistencia, Chaco.

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